domingo, 4 de mayo de 2014

Ruta circular de la Mujer Muerta



Hacía tiempo que tenía ganas de hacer esta ruta. Varias veces he visto el valle del río desde Peña del Águila, tan frondoso, con el embalse de las Tabladillas abajo y la cuerda de la Mujer Muerta al fondo. Así que mi amigo Claudio y yo aparcamos las zapatillas de correr y nos animamos a hacer la caminata en plan mochila y bocadillos.

Empezamos el camino desde la portilla que sale un poco más arriba de la fuente de Majavilán. Toda esa zona es conocida para mi y por tanto fácil, no hay que mirar mapa ni pensar. La subida hacia el collado de Marichiva por el camino de puntos rojos presagia las siguientes, mucho más duras y desprotegidas. Ya en el collado nos encontramos con algunos caminantes que están tomándose el bocata, pero preferimos dejar el momento de descanso para la cima de Montón de Trigo. Subimos al “Montón de piedras” por el camino tradicional, atravesando Cerro Minguete y hacemos una parada de té caliente y bizcocho para reponer fuerzas. El día es muy claro y podemos ver las cumbres nevadas de Gredos en la distancia. Desde Montón de Trigo la figura de la Cuerda de la Mujer Muerta es impresionante, con algunos neveros que todavía aguantan a pesar del sol y el calor. 

Al bajar hacia el siguiente collado compruebo que el GPS ha muerto, probablemente se le han acabado las pilas. SIEMPRE llevo pilas de repuesto y nunca las he necesitado, menos hoy… que sucede justo lo contrario  La siguiente cumbre es La Pinareja, el punto más alto del recorrido y la subida más abrupta: mucho canchal de piedra y pendiente muy acusada. Como el recorrido cresta casi todo el tiempo, no me preocupo por no tener el GPS, se ve muy claro por donde ir. Además tengo el mapa en papel para cuando dejemos la cuerda y estemos en el valle cerca del embalse., aunque no cubre toda la zona por la que tenemos que pasar. Esto será un problema, como comprobamos más tarde.

En la Peña del Oso nos da la hora de comer, así que bocadillo y cerveza fría, que había venido bien resguardada en una funda especial para botellas. La parada es bastante larga, en una repisa de rocas donde no sopla el aire. Antes de irnos, hacemos la foto de rigor con los ositos del vértice geodésico y seguimos el camino. Cuando llegamos al Pico del Pasapán ya solo queda lo fácil. El problema es que mi mapa en papel acaba ahí y toda la zona de senda que debía llevarnos hasta la presa la hacemos a ciegas. Fruto de todo esto es un camino que debimos tomar y no vimos, y un atroche por la ladera, bajando por una pendiente bastante inclinada aunque cómoda, toda de hierba “acolchada”. Al llegar al camino grande que discurre en paralelo al río a la salida del embalse pensamos estar mucho más hacia el noreste de lo que en realidad estábamos y continuamos equivocadamente el curso del río Moros hacia abajo. El embalse no aparece porque lo habíamos dejado atrás sin saberlo, así que, conscientes de que no estamos donde creíamos estar, entre desandar lo andado y buscar otra solución,  tiramos de altímetro y tomamos la decisión de subir 200 metros de desnivel a campo través para dar con un camino que aparece en mi mapa en papel en la cota de 1600 metros y NECESARIAMENTE debía estar por encima de nosotros si encontrábamos un buen sitio para cruzar el río.  Vemos una zona piedras que pueden servir de puente y cruzamos: Claudio en dos zancadas precisas, yo torpemente, metiendo el pie en el agua y casi resbalando (cómo no, marca de la casa).  Después todo para arriba. 

Doscientos metros de desnivel en un trozo tan corto es un sufrimiento para los gemelos y con tantas horas y desnivel en las piernas estábamos ya rezando para que apareciese el camino. Cuando llega Claudio un poco más arriba y me hace una señal con la mano, sé que ha encontrado la “autopista”: por fin un camino ancho y llano para dar tregua a los músculos.  Ya en el camino nos volvemos a “situar” en el mapa. Aparece el refugio de la Vaqueriza a nuestra izquierda: qué bien sienta saber dónde estás.  Caminamos un poco y tomamos una subida a la derecha que nos lleva en unos cientos de metros hasta el collado de Marichiva de nuevo. Bajamos por la misma senda que hicimos a la ida y terminamos la circular reponiendo fuerzas en Cirilo, como manda la tradición.

Nuestros relojes no se ponen de acuerdo y nos dan distancias diferentes: algo más de 21 o 25 km. Yo  creo que son unos 24, que me parece la distancia que mas se aproxima a otros tracks que he visto de la ruta en internet. En definitiva, excursión que habrá que repetir (con pilas de repuesto) y más protector solar…

Dejo el recorrido original (el que estaba planeado) aquí, gracias a  Rutas serranas y el track real que hicimos según la app de seguimiento en vivo de Claudio

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